¿CUÁL ES LA ÉTICA DE LA TOMA DE DECISIONES?

¿CUÁL ES LA ÉTICA DE LA TOMA DE DECISIONES?

Ninguna exposición contemporánea de la toma de decisiones estaría completa sin incluir la ética, porque las consideraciones morales son un criterio importante al decidir en las organizaciones. En esta sección final vamos a presentar tres formas de enmarcar éticamente las decisiones y veremos las diferencias de los criterios éticos en varias culturas nacionales.

Tres criterios de las decisiones éticas

Un individuo puede establecer tres criterios para hacer elecciones éticas. El primero es el criterio utilitario, por el cual las decisiones se toman sobre la única base de sus resultados o consecuencias. El objetivo del utilitarismo es brindar el máximo bien al mayor número de personas. Esta postura es la que domina en la toma de decisiones empresariales y es congruente con metas de eficacia, productividad y utilidades cuantiosas. Por ejemplo, al maximizar las ganancias un ejecutivo de una compañía puede explicar que así se asegura el máximo bien al mayor número de personas, aunque al mismo tiempo reparta anuncios de despido al 15 por ciento de los empleados.

Otro criterio ético consiste en centrarse en los derechos. Se pide a los individuos que tomen decisiones congruentes con las libertades y privilegios fundamentales establecidos en las declaraciones de derechos. Acentuar este aspecto en la toma de decisiones significa respetar y proteger los derechos básicos de los individuos, como el derecho a la privacidad, la libertad de expresión y un juicio justo. Por ejemplo, la aplicación de este criterio protegería a los soplones, individuos que revelan actos inmorales de su patrón a personas de fuera, cuando denuncian a la prensa o dependencias gubernamentales estos actos fundándose en su derecho a la libertad de expresión.

El tercer criterio consiste en enfocarse en la justicia. Esto requiere que los individuos impongan y hagan obedecer las reglas de manera justa e imparcial para que haya una repartición equitativa de beneficios y costos. Los miembros de los sindicatos respaldan esta postura. Con este criterio se justifica pagar al personal el mismo salario por determinado trabajo, cualesquiera que sean las diferencias de desempeño y tomar la antigüedad como el principal determinante para tomar las decisiones sobre despidos.

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Los tres criterios tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Enfocarse en el utiitarismo promueve la eficiencia y la productividad, pero puede llevar a ignorar los derechos de algunos individuos, en particular los que tengan una representación minoritaria en la compañía. Tomar los derechos como criterio protege a los indi- viduos de daños y es congruente con la libertad y la privacidad, pero puede crear un ambiente laboral legalista que estorbe la productividad y la eficiencia. El enfoque en la justicia defiende los intereses de los menos representados y los menos poderosos, pero alienta un sentimiento de gozar de privilegios que reduce el ánimo de correr riesgos, la innovación y la productividad.

Quienes toman las decisiones, particularmente en las organizaciones no lucrativas, se sienten seguros y cómodos si apelan al utilitarismo. Muchos actos cuestionables encuentran una justificación cuando se declaran en el mejor interés de “la organización” y sus accionistas. Pero muchos críticos de las decisiones empresariales afirman que es preciso cambiar este punto de vista. El aumento de la preocupación pública por los derechos individuales y la justicia social impone a los administradores la necesidad de fijar normas éticas asentadas en criterios que no sean los utilitarios. Esto plantea un gran reto a los administradores de nuestros días, porque tomar decisiones con criterios de derechos individuales y justicia social entraña muchas más ambigüedades que criterios utilitarios como la eficiencia y las ganancias. Así se explica por qué los actos de los administradores reciben cada vez más criticas. Aumentar los precios, vender productos con efectos dudosos en la salud de los consumidores, cerrar plantas ineficientes, despedir numerosos emplea- dos, llevarse al extranjero la producción para reducir costos y otras decisiones del mismo tenor se justifican en términos utilitarios, pero ya no pueden ser el único criterio por el que deben juzgarse las buenas decisiones.

Ética y cultura nacional

Lo que en China se considera una decisión ética quizá no lo sea en Canadá. La razón es que no hay criterios éticos mundiales. El contraste entre Asia y Occidente da una ilustración. Como los sobornos son algo común en países como China, un canadiense que trabaje allá enfrentaría la disyuntiva: ¿debo pagar el soborno para asegurar un negocio, si es una parte aceptada de la cultura del país? Aquí tenemos un ejemplo que conmociona. Una administradora de una gran compañía estadounidense que opera en China atrapó a un empleado robando. De acuerdo con las normas de la compañía, lo despidió y lo entregó a las autoridades. Más adelante se enteró, horrorizada, de que el empleado fue ejecutado sumariamente.

Aunque las normas éticas nos parezcan ambiguas en Occidente, la verdad es que los criterios que definen lo correcto y lo incorrecto son mucho más claros entre nosotros que en Asia. Aquí hay pocos temas en blanco y negro: casi todos son grises. La necesidad de las organizaciones mundiales de establecer principios éticos para quienes toman decisiones en países como India y China y de modificarlos para asimilar las normas culturales será crucial para sostener criterios elevados y tener prácticas congruentes.